En el territorio somedano se han censado más de 1200 variedades de plantas vasculares. No es el objetivo, ni por contenido ni por extensión, de esta unidad didáctica hacer un profundo análisis de todas ellas, nos centraremos en las más importantes y en cómo se distribuyen por el territorio, Estudiaremos por tanto la vegetación principal de los bosques, la de los prados y pastizales, el matorral, la vegetación subalpina y las plantas higrófilas[1] que habitan en turberas[2] y lagos y como todas ellas se distribuyen en los tres pisos bioclimáticos[3] que encontramos en el Parque de Somiedo, colino desde los 360 m. de Aguasmestas hasta los 500 m. e incluso los 800 m. en solana, montano desde los 500 o 800 m. hasta los 1700 m., ocupa la mayor parte del territorio y subalpino por encima de los 1700 m y hasta los 2194 m. del Pico Cornón. La distribución de la vegetación de Somiedo se correspondería aproximadamente con el siguiente gráfico:
A excepción del piso subalpino que ocupa aproximadamente un 5 % del territorio, Somiedo debería estar cubierto por bosques de especies caducifolias o perennifolias, distribuidas según la altitud y el tipo de suelo, sin embargo los bosques sólo ocupan algo más de la cuarta parte de todo el territorio, ello es debido a la acción del hombre que durante siglos ha modificado el paisaje adaptado la vegetación a sus intereses ganaderos y agrícolas. BOSQUESOcupan el 26 % del territorio somedano, aproximadamente unas 7.592 ha. de las cuales, unas 7.100 corresponden a bosque caducifolio que habita mayoritariamente en el piso montano y el resto, unas 492 ha. corresponden al bosque perennifolio cuyo hábitat fundamentalmente esta en el suelo colino. Bosque caducifolioLos árboles de hoja caduca son aquellos que pierden la hoja cuando llega el otoño. Este es un proceso fisiológico de la planta que tiene como finalidad la conservación de sus recursos. Cuando llega el otoño las horas de sol disminuyen. Disminuye también la función clorofílica hasta prácticamente anularse, lo que dificulta la nutrición de la planta, al árbol ya no le compensa mantener sus hojas: consumen más que producen. Con el otoño llegan además el frío, las heladas y la nieve, que podrían poner en peligro la vida misma del árbol por congelación de las hojas, por fracturas de las ramas principales producidas por peso al retener la nieve, o por abatimiento provocado por el viento al presentar una gran superficie expuesta. Llegada esta estación el árbol caducifolio comienza una serie de procesos fisiológicos consistentes en absorber a través de las ramas los nutrientes de las hojas, entre ellos la clorofila, quedando otras sustancias fotoprotectoras: las antocianinas[1] que son las que le dan el color amarillo rojizo. En este momento unos tejidos especializados comienzan a producir una zona de abscisión[2] en la unión de la hoja al tallo, creciendo el tejido de fuera hacia dentro. Se diferencia una pared pegada al tallo que actuará como tejido protector y de cicatrización, y otra hacia la hoja que producirá su separación cerrado los vasos que aportan la savia. La hoja muere y será abatida por el viento o caerá por su propio peso. Este proceso beneficia al árbol, además de lo expuesto, de la siguiente manera: las hojas muertas cargadas de sales y contaminantes, propios de la respiración y nutrición de la planta, se descompondrán mediante la acción de los microorganismos del suelo, transformándose en renovado alimento para el propio árbol. En primavera las hojas nuevas serán perfectas para cumplir con su misión. La caída de las hojas aporta también una serie de beneficios para el bosque caducifolio, ya que en los meses más fríos, el sol penetra al interior calentando el suelo, permitiendo la vida de numerosas especies y favoreciendo el desarrollo de incontables procesos fisicoquímicos del suelo. El hayedo Es el bosque por excelencia de Somiedo, su principal habitante es el Haya (Fagus sylvatica). Se desarrolla en el piso montano, tanto en suelos calizos como silíceos que tengan humedad constante pero no encharcamientos, ocupa por tanto preferiblemente las laderas orientadas al norte. Este bosque está dominado prácticamente por el haya. Son bosques cerrados, oscuros, incluso lúgubres y misteriosos. Su crecimiento en altura y el gran desarrollo de su masa foliar dificulta la penetración del sol, lo que impide el desarrollo de otras especies de árboles y del sotobosque[3]. Su tronco recto, que puede llegar a alcanzar alturas de hasta 35 m., da refugio a numerosas especies de plantas epífitas[4] como los musgos, los líquenes fruticulosos y los helechos. Sus frutos, llamados hayucos, una nuez de forma piramidal, son muy nutritivos y sirven de alimento y garantía de vida a la fauna del bosque, principalmente al oso pardo. El rico substrato que forman las hojas al caer y las ramas muertas es aprovechado por numerosos descomponedores e innumerables variedades de hongos, algunas exclusivas de los hayedos como Oudemansiella mucida que crece en los troncos y otras más frecuentes en robledales pero que también medran por estos bosques como la temida Amanita phalloides o los exquisitos Boletus edulis. Entre el sotobosque destacaremos los acebos y tejos, ambas especies protegidas, e innumerables especies de flora adaptadas a los dos tipos de suelos que se dan en Somiedo (calizos y silíceos) y que en común tienen el florecer muy pronto, cuando todavía las hayas no han desarrollado su follaje y ellas pueden disponer de la plenitud del sol. Como ejemplo típico tenemos las prímulas. El hombre que probablemente no ha degradado estos bosque por no ser el suelo de su hábitat (laderas húmedas) idóneo para la instalación de praderas, sí ha utilizado su madera para la construcción de muebles, utensilios domésticos y como combustible. El abedular Generalmente este bosque está asociado a las zonas altas del hayedo. Cuando la pendiente aumenta, el suelo se empobrece y el frío es más duro, aparece el abedul (Betula pubescens celtibérica). Son bosques de porte más reducido que el hayedo, abiertos y con sotobosques soleados en los que habitan innumerables arbustos y herbáceas. Entre los arbustos podemos destacar los arándanos y los brezos blancos. La especie que predomina en Somiedo es el abedul blanco (Betula pubescens celtibérica).
El robledal Ocupando el 4 % del territorio es el segundo bosque en importancia en el Parque Natural de Somiedo. En el pasado, posiblemente fuera el bosque estrella, ocupando la parte más alta del piso colino y todas las solanas y zonas menos húmedas del piso montano. El hecho de ocupar terrenos aprovechables para la ganadería y agricultura y la riqueza de su madera han propiciado su tala sistemática causando una fuerte regresión de este bosque, siendo las tierras deforestadas ocupadas por praderas, pastizales y, cuando no servían para estos fines, por diverso matorral.
En Somiedo aparecen tres variedades de roble, el melojo o roble pirenaico (Quercus pirenaica) que ocupa laderas soleadas, los carbayos (Quercus robur) que ocupa las zonas bajas con suelos fértiles y la variedad más abundante, el roble albar (Quercus petrea) (en la imagen), que se acompaña por abedul en los terrenos silíceos, por fresnos (Faxinus excelsior) y tilos en los calizos y por arces en los terrenos húmedos y bajos. Es el roble albar un árbol majestuoso y robusto que puede llegar a alcanzar los 30 m. de altura, su fruto es la bellota y sus hojas son simples, grandes y lobuladas. En Asturias recibe también el nombre de cagiga. El robledal es de gran importancia en el Parque para la fauna silvestre, a la que alimenta con sus bellotas y a la que cobija por la estructura del bosque que forma. El sotobosque es similar al del hayedo puesto que la luz solar aquí también es escasa, encontramos innumerables plantas herbáceas de floración temprana, varias especies de líquenes fruticulosos, musgos y numerosos hongos, algunos comestibles, entre los que destacan Boletus edulis y Russula cyanoxantha, otros venenosos, como Amanita phalloides, otros parásitos y otros los descomponedores o saprófitos encargados de limpiar el suelo de la materia muerta. El bosque de ribera En los ríos de Somiedo no parece un bosque de ribera propiamente dicho, es más bien una estrecha franja de árboles que acompaña al río por ambas orilla y cuya anchura está muy condicionada por la apertura del terreno. Si éste se abre, la franja se hace más ancha, si se cierra mucho hasta formar un congosto[5], el arbolado prácticamente desaparece. La zona de ribera está sometida a fuertes inundaciones y encharcamientos como consecuencia de las crecidas producidas por las fuertes precipitaciones y el deshielo. En estas condiciones sólo pueden habitar especies de árboles capaces de soportar el encharcamiento de sus raíces que han evolucionado para resistir las fuertes corrientes que se producen en los momentos de crecida. Deben ser también especies poco exigentes en nutrientes ya que éstos son escasos en el terreno por el lavado de los mismos. Constituyen estos árboles un importante freno a la erosión actuando como fijadores del terreno y forman con su sotobosque, en el que abundan los helechos y las plantas epifitas, un hábitat propio rico en reptiles, anfibios, insectos, mamíferos de escaso porte y numerosísimas aves.
El árbol más abundante en estos bosques es el aliso (Alnus glutinosa) que puede llegar a alcanzar los 20 m. de altura. Sus raíces son poco profundas pero muy ramificadas. El tronco recto, liso y de color gris oscuro puede alcanza los 70 cm de diámetro. Junto a los alisos, en las zonas de menos altitud, aparecen también avellanos (Corylus avellana), tilos, tanto de hoja grande (Tilia plathyphyllos), como de hoja pequeña (Tilia cordata), fresnos (Fraxinus excelsior) y arces (Acer pseudoplatanus). En las riberas de montaña más altas aparecen varias especies de saucedas arbustivas como la mimbrera (Salix fragilis), el sauce blanco (Salix alba) o el sauce cantábrico (Salix cantábrica).
El bosque perennifolio Los árboles de hoja perenne mantienen sus hojas durante todo el año, lo que no significa que estas no se renueven. Cuando la hoja ha cumplido su ciclo vital, normalmente más de dos años y es vieja, se desprende del árbol por un proceso de abscisión similar al estudiado en la caída de la hoja de los árboles caducifolios, sin embargo, en éstas leñosas, mientras unas hojas caen, otras nuevas van apareciendo y se unen a las jóvenes que han quedado en el árbol, de forma que éste nunca queda desnudo. En Somiedo estos bosques ocupan fundamentalmente el suelo colino, aparecen en las solanas calcáreas bien drenadas de los valles cálidos y son bosques abiertos.
La especie más abundante es la encinacarrasca (Quercus rotundifolia) una subespecie de porte más pequeño que la encina común (Quercus ilex) y mejor adaptada que ésta para soportar el frío invernal de estas latitudes. En el pasado los bosques de carrascas debieron ser muy abundantes, pero la calidez del suelo que ocupaban y su dura madera, muy buena para utensilios de labranza y para ser usada como combustible, hizo que se produjeran talas incontroladas y se prendiera fuego al bosque para utilizarlo tras la quema en labores agropecuarias o industriales. Estos desafortunados usos forzaron la regresión del bosque de carrascas hasta su actual situación. Ahora es una especie incluida en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas del Principado de Asturias. Frecuentemente junto a las encinas aparece el quejigo (Quercus faginea), también llamado roble carrasqueño, otro árbol perennifolio parecido a la encina. El quejigo esta también incluido en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas.
Acompañando a las carrascas y los quejigos aparecen arbustos de hoja perenne como el madroño (Arbutus unedo), la retama loca (Osyris alba) también llamada guardalobo o el aladierno (Rhamnus alaternus)
Madroño
Retama loca
Aladierno
FORMACIONES ARBUSTIVAS Su estructura de suelo y vegetación acompañante es similar a la del bosque y ocupan terrenos que potencialmente podían ser bosques caducifolios (hayedos, abedulares y robledales). Estas formaciones arbustivas son una indicación de la recuperación natural de terrenos que antaño fueron bosques, posteriormente una vez talados y/o quemados tuvieron un aprovechamiento agropecuario y finalmente, cuando se abandonan y dejan de ser explotados, son colonizados de manera natural por la vegetación autóctona iniciándose un proceso de recuperación y formación de futuros bosques. Las especies que aparecen en estas formaciones son los avellanos (Corylus avellana), espinos albares (Crataegus monogyna), endrinos (Prunus spinosa), cerezos de Santa Lucía (Prunus mahaleb), groselleros (Ribes alpinum y Ribes petraeum), etc.
Avellano
Hoja, flor y fruto de avellano
Espino albar
Flor de espino albar
Flor de cerezo de S. Lucía
Cerezo de Santa Lucía
Fruto y hoja de endrino
Endrino
Fruto y hoja de grosellero
Grosellero
En los suelos más pobres correspondientes a zonas de montaña aparece el acebo (Ilex aquifolium).
Acebo
Fruto y hoja de acebo
MATORRALES Aparecen en el piso colino y montano, la mayoría de las veces son fruto de la deforestación producida en el pasado o bien son consecuencia del tipo de terreno que ocupan, con fuerte pendiente, o roquedos que impiden el asentamiento de otras especies vegetales de mayor porte y necesidades de suelo. Los matorrales ocupan una gran proporción (40 %) de la cubierta vegetal de Somiedo. Cuando el suelo es calizo aparecen formaciones de aulaga (Genista occidentalis) y brezo vagante (Erica vagans).
Brezo vagante
Aulaga
Cuando el suelo es silíceo las formaciones más abundantes son las de brezo rojo (Erica australis ssp. Aragonensis) y cuando aumenta la humedad el brezo blanco (Erica arbórea) y el arándano (Vaccinium myrtillus). Entre todos ellos crecen arbustos espinosos como los tojos (Ulex europaeus)
Brezo rojo
Brezo blanco
Arándano
Tojo
PRADERAS
Constituyen una superficie importante de la cubierta vegetal de Somiedo (19%). Su origen, a excepción de una pequeña proporción ubicada en las zonas de alta montaña, se debe a la acción del hombre, que en el transcurso de los tiempos, mediante la tala y quema ha ganado para su propia subsistencia y progreso esos terrenos a los bosques. Estas praderas se ubican en los valles, en las solanas y zonas más cálidas de la media montaña y en los lugares de menor innivación.
Las praderas de alta montaña son utilizadas exclusivamente como pastos de verano por el ganado vacuno sin estabular y mediante el empleo, para cobijo de la especie humana, de brañas[6] de montaña, construidas en piedra, planta circular muy pequeña y con techos también de piedra, a veces cubiertos por tierra con césped vivo. Constituyen también estos pastos una importante fuente de alimento para la fauna salvaje herbívora que convive en estos territorios con los mencionados ganados de vacas, generalmente de raza asturiana. Al pastar estas praderas, las vacas contribuyen al mantenimiento del ecosistema vegetal por renovación de la vegetación autóctona y el abonado y mejora del suelo.
Las variedades de herbáceas que aparecen suelen ser gramíneas del género Festuca, (Festuca eskia y Festuca indigesta), el cervuno (Nardus stricta), etc. e incluso plantas medicinales como la genciana (Genciana lutea).
Genciana
Cervuno
Las praderas de media montaña y de los valles tienen un aprovechamiento doble. De ellas, mediante siega, se obtiene forraje verde para ensilar y usar como alimento del ganado estabulado, en los fríos meses de finales del otoño y del invierno. Dependiendo de la fertilidad del terreno pueden ser segadas hasta tres veces. Son aprovechadas también como pasto por el ganado en los meses fríos cuando éste baja de la alta montaña, ya que la cota de estas praderas y su proximidad a los núcleos de población permiten que los animales sean estabulados por la noche y en los días de muy baja temperatura. Las variedades vegetales que presentan estas praderas están condicionadas a su uso intensivo por la especie humana, que ha sembrado pratenses en los prados de baja altura, para obtener nutritivos forrajes. Pero junto a las pratenses, también aparecen especies vegetales salvaje
Detalle de narcisos
Pradera con narcisos
s similares, como leguminosas, entre las que destacaremos los tréboles (Trifolium sp), gramíneas del genero Festuca y agradables flores como el narciso de trompeta (Narcissus pseudonarcissus subsp. leonensis) y el narciso asturiano (Narcissus asturiensis) incluido en el Catálogo Regional de Flora Amenazada. Aquí aparecen dos tipos de brañas: unas situadas en media montaña también llamadas brañas equinocciales, o cabañas de teito, con amplia planta rectangular y cubierta vegetal (son las más abundantes en Somiedo), como ejemplo tenemos La Pornacal en Villar de Vildas. Otras denominadas brañas pueblo que son construcciones amplias que cuentan con huerto, pajar, tierras de labor y prados. Estas brañas ocupan espacios a menor altura que las brañas equinocciales y es donde los vaqueros de alzada pasaban el invierno, como ejemplo tenemos La Peral y Santa María del Puerto. Las praderas tienen una gran importancia en los ecosistemas de Somiedo, entre otras, por dos razones fundamentales: la separación de la propiedad en los prados de media y baja altura se realiza con lindes y ribazos de seto vivo formado fundamentalmente por arbustos como el rosal silvestre (Rosa canina), el espino albar (Craetegus monogyna), zarzas (Rubulus ulmifolius), avellanos (Corylus avellana), endrinos (Prunus spinosa), etc. Estos setos constituyen refugio y alimento para la fauna salvaje. El segundo motivo consiste en que estas praderas y pastizales de siega al constituir superficies abiertas se convierten en territorios de caza de numerosos mamíferos depredadores, de rapaces y aves insectívoras.
Rosal silvestre
Endrino
COMPLEJOS DE VEGETACIÓN Alta montaña En el piso bioclimático subalpino, más de 1.700 m., las condiciones de vida son extremadamente difíciles. La nieve está presente casi todo el año, el frío es intenso, la radiación solar importante, el viento casi permanente, los suelos rocosos y pobres. Estas condiciones hacen que el bosque desaparezca y sea sustituido por complejos de vegetación característicos de la alta montaña. Estos complejos están formados por numerosas especies muy adaptadas a los distintos microclimas que se producen con poca distancia de separación entre ellos pero que tienen en común su escaso desarrollo en altura. En los suelos silíceos, ácidos, abundan el enebro enano (Juniperus communis subsp. nana), arándanos (Vaccinium myrtillus y Vaccinium uliginosum), brecina (Calluna vulgaris) y la codiciada genciana (Gentiana lutea) por las excelentes cualidades medicinales de su raíz, que estimula el sistema digestivo, hoy especie protegida.
Enebro enano
Brecina
En los suelos calcáreos domina el enebro rastrero (Juniperus alpina), la gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), también conocida como uva de oso que da un fruto comestible muy apreciado por estos plantígrados, la sabina rastrera (Juniperus sabina) y el torvisco macho (Daphne laureola). En los suelos más ricos y con más gradiente de humedad son frecuentes las praderas con abundantes especies de herbáceas, estudiadas anteriormente.
Enebro rastrero
Gayuba
Sabina rastrera
Torvisco macho
En las zonas de rocas viven comunidades muy especializadas y perfectamente adaptadas a la falta de humedad, frío radiación solar extrema y carencia de suelo, que aprovechan las grietas para enraizar. Son plantas pequeñas, con hojas adaptadas que disminuyen la traspiración evitando la pérdida de agua y raíces largas, como la siempreviva (Sempervivum cantabricum), la carrasquilla (Globularia repens) o numerosas variedades de saxífragas (Saxifraga praetermissa, S. longifolia, S. panaliculata, etc), entre estas saxífragas se encuentra el endemismo cantábrico (Saxifraga canaliculata).
Carrasquilla
Siempre viva
Saxifraga pretemisa
Saxifraga longifolia
Saxifraga canaliculata
Es este entorno tan inhóspito el hábitat preferido de numerosas especies de líquenes crustáceos como Umbilicaria postulata o Rhizocarpum geographicum que se agarran en la roca desnuda y sobreviven en ella gracias a la perfecta y adaptativa simbiosis del hongo y el alga que los forman.
Umbilicaria postulata
Rhizocarpum geographicum
Plantas higrófilas Son aquellas que viven en medios húmedos, es decir colonizan zonas permanentemente encharcadas o que rezuman agua, turberas y lechos de ríos, arroyos y lagos. Destacaremos de entre todas ellas la centaura de Somiedo (Centaurium Somedanum) planta herbácea endémica de Somiedo y por tanto protegida, que habita en las rocas calizas rezumantes que hay en el entorno del embalse de la Malva y en las zonas bajas del Valle de Saliencia. En este hábitat de calizas rezumantes aparece también la Coclearia de los Pirineos (Cochlearia pyrenaica).
Centaurea de Somiedo
Coclearia de los Pirineos
En las aguas quietas, junto a las orillas de los lagos y remansos de arroyos, aparecen, entre otras, el apio rastrero (Apium repens), el trébol de agua (Menyanthes trifoliata) y la grasilla o flor de la fuente (Pinguicula grandiflora) pequeña planta carnívora de tacto grasiento hojas verde pálido y vistosas flores de color violeta.
Apio rastrero
Trébol de agua
Grasilla
Flor de la grasilla
En las turberas son frecuentes entre otras la lentibularia menor (Utricularia minor), y la cola de caballo variegada (Equisetum Variegatum)
Lentibularia menor
Cola de caballo variegada
El espejo de agua de los lagos está colonizado por vegetales muy especializados. Los que permanentemente flotan tienen una diminuta raíz atrofiada en su función de sujeción y cuentan con bolsas de aire entre sus tejidos que aseguran su flotabilidad. Otros enraízan en el fondo y presentan una parte sumergida y otra aérea como la espiga de agua (Potamogeton natans). Y finalmente, otras comunidades vegetales están permanentemente sumergidas como la filigrana mayor (Myriophyllum spicatum)
Espiga de agua
Filigrana mayor
PLANTACIONES Se reducen a algunas plantaciones de frondosas con una finalidad productiva, en su inmensa mayoría de castaño (Castanea sativa) y algunas coníferas que se ubican en la Central Hidroeléctrica de la Malva, traídas de Alemania cuando se construyo ésta y sembradas con una finalidad ornamental.
Castaño
Fruto y hoja de castaño
Coníferas
HELECHOS, MUSGOS, HONGOS Y LÍQUENES Hay numerosísimas especies distribuidas por todo el territorio. Forman parte del sotobosque, de las praderas, de las zonas húmedas, colonizan troncos, rocas, rincones umbríos, etc. Destacaremos las de más interés medioambiental y las más conocidas, clasificándolas someramente por su hábitat. Helechos Son plantas vasculares sin flores, por tanto sin semilla, muy primitivas, que viven en medios húmedos. Presentan una especie de hojas, muy divididas, llamadas frondes, que tienen función reproductora al portar algunos de ellos en el envés, esporangios, llamados soros en los que se generan las esporas. Se pueden reproducir también sexualmente por gametos que se originan en un prótalo (órgano generado tras la germinación de las esporas). La forma y ubicación de los soros sirve para diferenciar a la especie. El tallo es subterráneo y presenta unas pilosidades a modo de raíz. Para la reproducción necesitan la presencia de agua como los musgos. En los bosques de hayas y robles son frecuentes los del genero Dryopteris que crecen sobre los troncos y los del genero Polypodium
Helecho
Soros en el enves del fronde
Musgos Son organismos muy simples, resistentes, fotosintetizadores, no vasculares, sin flores, presentas raicillas que los fijan al sustrato y les permiten tomar nutrientes del suelo. Se reproducen por esporas que se almacenan en una cápsula a modo de copa con tapa situada al final de un filamento que sale de un tallito. También se pueden reproducir sexualmente por gametos que se producen en las hojas. Para la reproducción necesitan humedad constante. Junto con los líquenes, a los que generalmente acompañan, son precursores de vida y contribuyen enormemente a la limpieza del aire absorbiendo el anhídrido carbónico (CO2) y fijando el nitrógeno atmosférico, favoreciendo así la fertilidad del suelo. En Somiedo colonizan todos los lugares húmedos del Parque. Según el hábitat podemos encontrar diferentes colonias de las distintas clases en que se dividen, por ejemplo, en las turberas y corrientes de arroyos aparece la clase Sphagnosida, con representantes del genero Sphagnum.
Musgo colonizando el tronco de un árbol
Detalle
Hongos Constituyen un reino propio en el que también se incluyen los líquenes. Son organismos formados por una sola célula, o por una agrupación de células que nunca llegan a formar tejido, pero sí unos filamentos llamados hifas que se agrupan formando un falso tejido denominado micelio. La pared celular de los hongos está formada por quitina, como en los animales artrópodos y rara vez acumulan celulosa como las plantas. A diferencia de las plantas son seres heterótrofos, pues carecen de clorofila para formar sus propios compuestos nutritivos mediante la fotosíntesis. Para alimentarse vierten enzimas digestivas al medio, con el fin de obtener moléculas simples que les sirvan de alimento y, que a semejanza con los animales, absorben tras la digestión. Viven en medios húmedos, oscuros o con escasa radiación solar. Se reproducen asexualmente por esporas, aunque también tienen reproducción sexual. En una primera clasificación podemos distinguir según su tipo de vida tres tipos de hongos: parásitos, viven dentro de otros seres vivos y se alimentan de sus fluidos; simbiontes, viven asociados a otros organismos beneficiándose ambos de esta unión, el mejor ejemplo son los líquenes, y saprófitos, que se nutren de materia orgánica en descomposición. Algunos de estos los veremos con detalle a continuación. Popularmente existe un error en el uso de la palabra hongo y seta, lo que nosotros recolectamos en el bosque, o dejamos por considerar venenoso o poco apto para el consumo, se denomina seta, y corresponde al cuerpo fructífero del hongo. Es decir, un champiñón es una seta y una amanita phalloides es una seta. El hongo está enterrado en el sustrato, razón por la que en la recolección es necesario cortar y no arrancar, y puesto que la seta que nos llevamos a casa es el cuerpo fructífero, cargado de esporas, es necesario depositarlo con las laminillas hacia abajo y en una cesta que permita que estas esporas caigan al suelo para que se diseminen y el año próximo podamos coger más. En Somiedo se han censado más de 400 especies de hongos saprófitos aunque se supone que debe haber muchas más. Entre las múltiples especies que aparecen en los hayedos reseñaremos como más conocidas a Oudemansiella mucida, hongo exclusivo del tronco de las hayas, Marasmius alliaceus que tiene un fuerte olor a ajo y otras variedades compartidas con los otros bosques caducifolios de abedules y robles como los exquisitos Boletus edulis, Russula cyanoxantha de agradable sabor y la temida Amanita phalloides, la seta más peligrosa del Parque. En las formaciones arbustivas son frecuentes las trufas de verano (Tuber aestivum), comestible y un hongo extremadamente raro que coloniza las avellanas semipodridas Mycena nucicola. En las praderas son muy abundantes la seta de primavera (Calocybe gambosa) y con nombre exclusivo de la zona la seta pardina (Lepista panaeolus)
Oudemansiella mucida
Marasmius alliaceus
Boletus edulis
Russula cyanoxantha
Trufa de verano
Mycena nucicola
Seta de primavera
Seta Pardina
Amanitas phalloides
Amanitas phalloides
Líquenes Los líquenes son organismos que surgen de la simbiosis entre un hongo y un alga o cianobacteria. El hongo recibe el nombre de micobionte, protege al alga de la desecación y la radiación y le proporciona agua y sales minerales. El alga o cianobacteria recibe el nombre de ficobionte, realiza la fotosíntesis y le proporciona al hongo materia orgánica. El simbionte puede presentar una estructura muy simple en la unión de alga y hongo o muy compleja, dando lugar a un organismo morfológicamente muy diferenciado en el que el alga se encuentra en el interior y el hongo desde el exterior le da protección. Los líquenes se adaptan a todos los medios físicos siendo capaces de colonizar cualquier sustrato. Son precursores de la formación de suelo pulverizando las rocas donde se asientan, permitiendo así, que otros organismos puedan habitar ese medio pudiendo llegar en el tiempo a formar un ecosistema en un medio hostil. Dependiendo de su forma y hábitat diferenciaremos tres tipos: los crustáceos que colonizan la roca, son planos; los fruticulosos viven sobre ramas, presentan gran volumen semejándose a pequeños arbustos y los foliosos que viven sobre rocas o ramas y tienen aspecto de finas hojas En Somiedo son muy abundantes los líquenes foliosos y fruticulosos. Su presencia indica la alta calidad del aire que se puede respirar en el Parque. Encontramos del género Usnea (excelente indicador de la contaminación del aire), Lobaria, Parmelia, Lecanora, etc. Cuando el sustrato es rocoso los líquenes que abundan son los crustáceos, algunos de los cuales hemos presentado anteriormente.
Líquen y musgo creciendo juntos sobre hoja en descomposición
[1] Son pigmentos de color rojo, azul o purpura que se encuentran en los frutos en las flores y en las hojas de los árboles para protegerlas de la radiación ultravioleta. [2] Es la separación de una parte de un cuerpo. Se utiliza mucho en botánica para explicar la caída de las hojas, de los frutos, de las flores e incluso de una parte de la propia planta. [3] Mezcla de arbustos, plántulas, arboles jóvenes, hierbas, etc. que viven cerca o en el suelo, bajo las copas de los árboles del bosque. [4] Del griego epi sobre y phyton planta. Son las plantas que germinan y viven sobre otro vegetal, en nuestro caso sobre las ramas y troncos del haya, pero sin parasitarla. [5] Desfiladero muy cerrado entre montañas. [6] Nombre que reciben en Somiedo las cabañas, chozos o corros.
En el territorio somedano se han censado más de 1200 variedades de plantas vasculares. No es el objetivo, ni por contenido ni por extensión, de esta unidad didáctica hacer un profundo análisis de todas ellas, nos centraremos en las más importantes y en cómo se distribuyen por el territorio, Estudiaremos por tanto la vegetación principal de los bosques, la de los prados y pastizales, el matorral, la vegetación subalpina y las plantas higrófilas[1] que habitan en turberas[2] y lagos y como todas ellas se distribuyen en los tres pisos bioclimáticos[3] que encontramos en el Parque de Somiedo, colino desde los 360 m. de Aguasmestas hasta los 500 m. e incluso los 800 m. en solana, montano desde los 500 o 800 m. hasta los 1700 m., ocupa la mayor parte del territorio y subalpino por encima de los 1700 m y hasta los 2194 m. del Pico Cornón.
La distribución de la vegetación de Somiedo se correspondería aproximadamente con el siguiente gráfico:
A excepción del piso subalpino que ocupa aproximadamente un 5 % del territorio, Somiedo debería estar cubierto por bosques de especies caducifolias o perennifolias, distribuidas según la altitud y el tipo de suelo, sin embargo los bosques sólo ocupan algo más de la cuarta parte de todo el territorio, ello es debido a la acción del hombre que durante siglos ha modificado el paisaje adaptado la vegetación a sus intereses ganaderos y agrícolas.
BOSQUESOcupan el 26 % del territorio somedano, aproximadamente unas 7.592 ha. de las cuales, unas 7.100 corresponden a bosque caducifolio que habita mayoritariamente en el piso montano y el resto, unas 492 ha. corresponden al bosque perennifolio cuyo hábitat fundamentalmente esta en el suelo colino.
Bosque caducifolioLos árboles de hoja caduca son aquellos que pierden la hoja cuando llega el otoño. Este es un proceso fisiológico de la planta que tiene como finalidad la conservación de sus recursos. Cuando llega el otoño las horas de sol disminuyen. Disminuye también la función clorofílica hasta prácticamente anularse, lo que dificulta la nutrición de la planta, al árbol ya no le compensa mantener sus hojas: consumen más que producen. Con el otoño llegan además el frío, las heladas y la nieve, que podrían poner en peligro la vida misma del árbol por congelación de las hojas, por fracturas de las ramas principales producidas por peso al retener la nieve, o por abatimiento provocado por el viento al presentar una gran superficie expuesta.
Llegada esta estación el árbol caducifolio comienza una serie de procesos fisiológicos consistentes en absorber a través de las ramas los nutrientes de las hojas, entre ellos la clorofila, quedando otras sustancias fotoprotectoras: las antocianinas[1] que son las que le dan el color amarillo rojizo. En este momento unos tejidos especializados comienzan a producir una zona de abscisión[2] en la unión de la hoja al tallo, creciendo el tejido de fuera hacia dentro. Se diferencia una pared pegada al tallo que actuará como tejido protector y de cicatrización, y otra hacia la hoja que producirá su separación cerrado los vasos que aportan la savia. La hoja muere y será abatida por el viento o caerá por su propio peso.
Este proceso beneficia al árbol, además de lo expuesto, de la siguiente manera: las hojas muertas cargadas de sales y contaminantes, propios de la respiración y nutrición de la planta, se descompondrán mediante la acción de los microorganismos del suelo, transformándose en renovado alimento para el propio árbol. En primavera las hojas nuevas serán perfectas para cumplir con su misión.
La caída de las hojas aporta también una serie de beneficios para el bosque caducifolio, ya que en los meses más fríos, el sol penetra al interior calentando el suelo, permitiendo la vida de numerosas especies y favoreciendo el desarrollo de incontables procesos fisicoquímicos del suelo.
El hayedo
Es el bosque por excelencia de Somiedo, su principal habitante es el Haya (Fagus sylvatica). Se desarrolla en el piso montano, tanto en suelos calizos como silíceos que tengan humedad constante pero no encharcamientos, ocupa por tanto preferiblemente las laderas orientadas al norte.
Este bosque está dominado prácticamente por el haya. Son bosques cerrados, oscuros, incluso lúgubres y misteriosos. Su crecimiento en altura y el gran
Entre el sotobosque destacaremos los acebos y tejos, ambas especies protegidas, e innumerables especies de flora adaptadas a los dos tipos de suelos que se dan en Somiedo (calizos y silíceos) y que en común tienen el florecer muy pronto, cuando todavía las hayas no han desarrollado su follaje y ellas pueden disponer de la plenitud del sol. Como ejemplo típico tenemos las prímulas.
El hombre que probablemente no ha degradado estos bosque por no ser el suelo de su hábitat (laderas húmedas) idóneo para la instalación de praderas, sí ha utilizado su madera para la construcción de muebles, utensilios domésticos y como combustible.
El abedular
El robledal
En Somiedo aparecen tres variedades de roble, el melojo o roble pirenaico (Quercus pirenaica) que ocupa laderas soleadas, los carbayos (Quercus robur) que ocupa las zonas bajas con suelos fértiles y la variedad más abundante, el roble albar (Quercus petrea) (en la imagen), que se acompaña por abedul en los terrenos silíceos, por fresnos (Faxinus excelsior) y tilos en los calizos y por arces en los terrenos húmedos y bajos. Es el roble albar un árbol majestuoso y robusto que puede llegar a alcanzar los 30 m. de altura, su fruto es la bellota y sus hojas son simples, grandes y lobuladas. En Asturias recibe también el nombre de cagiga. El robledal es de gran importancia en el Parque para la fauna silvestre, a la que alimenta con sus bellotas y a la que cobija por la estructura del bosque que forma.
El sotobosque es similar al del hayedo puesto que la luz solar aquí también es escasa, encontramos innumerables plantas herbáceas de floración temprana, varias especies de líquenes fruticulosos, musgos y numerosos hongos, algunos comestibles, entre los que destacan Boletus edulis y Russula cyanoxantha, otros venenosos, como Amanita phalloides, otros parásitos y otros los descomponedores o saprófitos encargados de limpiar el suelo de la materia muerta.
El bosque de ribera
En los ríos de Somiedo no parece un bosque de ribera propiamente dicho, es más bien una estrecha franja de árboles que acompaña al río por ambas orilla y cuya anchura está muy condicionada por la apertura del terreno. Si éste se abre, la franja se hace más ancha, si se cierra mucho hasta formar un congosto[5], el arbolado prácticamente desaparece.
La zona de ribera está sometida a fuertes inundaciones y encharcamientos como consecuencia de las crecidas producidas por las fuertes precipitaciones y el deshielo. En estas condiciones sólo pueden habitar especies de árboles capaces de soportar el encharcamiento de sus raíces que han evolucionado para resistir las fuertes corrientes que se producen en los momentos de crecida. Deben ser también especies poco exigentes en nutrientes ya que éstos son escasos en el terreno por el lavado de los mismos.
Constituyen estos á
El árbol más abundante en estos bosques es el aliso (Alnus glutinosa) que puede llegar a alcanzar los 20 m. de altura. Sus raíces son poco profundas pero muy ramificadas. El tronco recto, liso y de color gris oscuro puede alcanza los 70 cm de diámetro.
Junto a los alisos, en las zonas de menos altitud, aparecen también avellanos (Corylus avellana), tilos, tanto de hoja grande (Tilia plathyphyllos), como de hoja pequeña (Tilia cordata), fresnos (Fraxinus excelsior) y arces (Acer pseudoplatanus). En las riberas de montaña más altas aparecen varias especies de saucedas arbustivas como la mimbrera (Salix fragilis), el sauce blanco (Salix alba) o el sauce cantábrico (Salix cantábrica).
El bosque perennifolio
Los árboles de hoja perenne mantienen sus hojas durante todo el año, lo que no significa que estas no se renueven. Cuando la hoja ha cumplido su ciclo vital, normalmente más de dos años y es vieja, se desprende del árbol por un proceso de abscisión similar al estudiado en la caída de la hoja de los árboles caducifolios, sin embargo, en éstas leñosas, mientras unas hojas caen, otras nuevas van apareciendo y se unen a las jóvenes que han quedado en el árbol, de forma que éste nunca queda desnudo.
La especie más abundante es la encinacarrasca (Quercus rotundifolia) una subespecie de porte más pequeño que la encina común (Quercus ilex) y mejor adaptada que ésta para soportar el frío invernal de estas latitudes. En el pasado los bosques de carrascas debieron ser muy abundantes, pero la calidez del suelo que ocupaban y su dura madera, muy buena para utensilios de labranza y para ser usada como combustible, hizo que se produjeran talas incontroladas y se prendiera fuego al bosque para utilizarlo tras la quema en labores agropecuarias o industriales. Estos desafortunados usos forzaron la regresión del bosque de carrascas hasta su actual situación. Ahora es una especie incluida en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas del Principado de Asturias.
Frecuentemente junto a las encinas aparece el quejigo (Quercus faginea), también llamado roble carrasqueño, otro árbol perennifolio parecido a la encina. El quejigo esta también incluido en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas.
Acompañando a las carrascas y los quejigos aparecen arbustos de hoja perenne como el madroño (Arbutus unedo), la retama loca (Osyris alba) también llamada guardalobo o el aladierno (Rhamnus alaternus)
FORMACIONES ARBUSTIVAS
Su estructura de suelo y vegetación acompañante es similar a la del bosque y ocupan terrenos que potencialmente podían ser bosques caducifolios (hayedos, abedulares y robledales). Estas formaciones arbustivas son una indicación de la recuperación natural de terrenos que antaño fueron bosques, posteriormente una vez talados y/o quemados tuvieron un aprovechamiento agropecuario y finalmente, cuando se abandonan y dejan de ser explotados, son colonizados de manera natural por la vegetación autóctona iniciándose un proceso de recuperación y formación de futuros bosques.
Las especies que aparecen en estas formaciones son los avellanos (Corylus avellana), espinos albares (Crataegus monogyna), endrinos (Prunus spinosa), cerezos de Santa Lucía (Prunus mahaleb), groselleros (Ribes alpinum y Ribes petraeum), etc.
En los suelos más pobres correspondientes a zonas de montaña aparece el acebo (Ilex aquifolium).
MATORRALES
Aparecen en el piso colino y montano, la mayoría de las veces son fruto de la deforestación producida en el pasado o bien son consecuencia del tipo de terreno que ocupan, con fuerte pendiente, o roquedos que impiden el asentamiento de otras especies vegetales de mayor porte y necesidades de suelo. Los matorrales ocupan una gran proporción (40 %) de la cubierta vegetal de Somiedo.
Cuando el suelo es calizo aparecen formaciones de aulaga (Genista occidentalis) y brezo vagante (Erica vagans).
Cuando el suelo es silíceo las formaciones más abundantes son las de brezo rojo (Erica australis ssp. Aragonensis) y cuando aumenta la humedad el brezo blanco (Erica arbórea) y el arándano (Vaccinium myrtillus). Entre todos ellos crecen arbustos espinosos como los tojos (Ulex europaeus)
PRADERAS
Constituyen una superficie importante de la cubierta vegetal de Somiedo (19%). Su origen, a excepción de una pequeña proporción ubicada en las zonas de alta montaña, se debe a la acción del hombre, que en el transcurso de los tiempos, mediante la tala y quema ha ganado para su propia subsistencia y progreso esos terrenos a los bosques. Estas praderas se ubican en los valles, en las solanas y zonas más cálidas de la media montaña y en los lugares de menor innivación.
Las praderas de alta montaña son utilizadas exclusivamente como pastos de verano por el ganado vacuno sin estabular y mediante el empleo, para cobijo de la especie humana, de brañas[6] de montaña, construidas en piedra, planta circular muy pequeña y con techos también de piedra, a veces cubiertos por tierra con césped vivo. Constituyen también estos pastos una importante fuente de alimento para la fauna salvaje herbívora que convive en estos territorios con los mencionados ganados de vacas, generalmente de raza asturiana. Al pastar estas praderas, las vacas contribuyen al mantenimiento del ecosistema vegetal por renovación de la vegetación autóctona y el abonado y mejora del suelo.
Las variedades de herbáceas que aparecen suelen ser gramíneas del género Festuca, (Festuca eskia y Festuca indigesta), el cervuno (Nardus stricta), etc. e incluso plantas medicinales como la genciana (Genciana lutea).
Las praderas de media montaña y de los valles tienen un aprovechamiento doble.
De ellas, mediante siega, se obtiene forraje verde para ensilar y usar como alimento del ganado estabulado, en los fríos meses de finales del otoño y del invierno. Dependiendo de la fertilidad del terreno pueden ser segadas hasta tres veces.
Son aprovechadas también como pasto por el ganado en los meses fríos cuando éste baja de la alta montaña, ya que la cota de estas praderas y su proximidad a los núcleos de población permiten que los animales sean estabulados por la noche y en los días de muy baja temperatura.
Las variedades vegetales que presentan estas praderas están condicionadas a su uso intensivo por la especie humana, que ha sembrado pratenses en los prados de baja altura, para obtener nutritivos forrajes. Pero junto a las pratenses, también aparecen especies vegetales salvaje
Aquí aparecen dos tipos de brañas: unas situadas en media montaña también llamadas brañas equinocciales, o cabañas de teito, con amplia planta rectangular y cubierta vegetal (son las más abundantes en Somiedo), como ejemplo tenemos La Pornacal en Villar de Vildas. Otras denominadas brañas pueblo que son construcciones amplias que cuentan con huerto, pajar, tierras de labor y prados. Estas brañas ocupan espacios a menor altura que las brañas equinocciales y es donde los vaqueros de alzada pasaban el invierno, como ejemplo tenemos La Peral y Santa María del Puerto.
Las praderas tienen una gran importancia en los ecosistemas de Somiedo, entre otras, por dos razones fundamentales: la separación de la propiedad en los prados de media y baja altura se realiza con lindes y ribazos de seto vivo formado fundamentalmente por arbustos como el rosal silvestre (Rosa canina), el espino albar (Craetegus monogyna), zarzas (Rubulus ulmifolius), avellanos (Corylus avellana), endrinos (Prunus spinosa), etc. Estos setos constituyen refugio y alimento para la fauna salvaje. El segundo motivo consiste en que estas praderas y pastizales de siega al constituir superficies abiertas se convierten en territorios de caza de numerosos mamíferos depredadores, de rapaces y aves insectívoras.
COMPLEJOS DE VEGETACIÓN
Alta montaña
En el piso bioclimático subalpino, más de 1.700 m., las condiciones de vida son extremadamente difíciles. La nieve está presente casi todo el año, el frío es intenso, la radiación solar importante, el viento casi permanente, los suelos rocosos y pobres. Estas condiciones hacen que el bosque desaparezca y sea sustituido por complejos de vegetación característicos de la alta montaña. Estos complejos están formados por numerosas especies muy adaptadas a los distintos microclimas que se producen con poca distancia de separación entre ellos pero que tienen en común su escaso desarrollo en altura.
En los suelos silíceos, ácidos, abundan el enebro enano (Juniperus communis subsp. nana), arándanos (Vaccinium myrtillus y Vaccinium uliginosum), brecina (Calluna vulgaris) y la codiciada genciana (Gentiana lutea) por las excelentes cualidades medicinales de su raíz, que estimula el sistema digestivo, hoy especie protegida.
En los suelos calcáreos domina el enebro rastrero (Juniperus alpina), la gayuba (Arctostaphylos uva-ursi), también conocida como uva de oso que da un fruto comestible muy apreciado por estos plantígrados, la sabina rastrera (Juniperus sabina) y el torvisco macho (Daphne laureola). En los suelos más ricos y con más gradiente de humedad son frecuentes las praderas con abundantes especies de herbáceas, estudiadas anteriormente.
En las zonas de rocas viven comunidades muy especializadas y perfectamente adaptadas a la falta de humedad, frío radiación solar extrema y carencia de suelo, que aprovechan las grietas para enraizar. Son plantas pequeñas, con hojas adaptadas que disminuyen la traspiración evitando la pérdida de agua y raíces largas, como la siempreviva (Sempervivum cantabricum), la carrasquilla (Globularia repens) o numerosas variedades de saxífragas (Saxifraga praetermissa, S. longifolia, S. panaliculata, etc), entre estas saxífragas se encuentra el endemismo cantábrico (Saxifraga canaliculata).
Es este entorno tan inhóspito el hábitat preferido de numerosas especies de líquenes crustáceos como Umbilicaria postulata o Rhizocarpum geographicum que se agarran en la roca desnuda y sobreviven en ella gracias a la perfecta y adaptativa simbiosis del hongo y el alga que los forman.
Plantas higrófilas
Son aquellas que viven en medios húmedos, es decir colonizan zonas permanentemente encharcadas o que rezuman agua, turberas y lechos de ríos, arroyos y lagos.
Destacaremos de entre todas ellas la centaura de Somiedo (Centaurium Somedanum) planta herbácea endémica de Somiedo y por tanto protegida, que habita en las rocas calizas rezumantes que hay en el entorno del embalse de la Malva y en las zonas bajas del Valle de Saliencia. En este hábitat de calizas rezumantes aparece también la Coclearia de los Pirineos (Cochlearia pyrenaica).
En las aguas quietas, junto a las orillas de los lagos y remansos de arroyos, aparecen, entre otras, el apio rastrero (Apium repens), el trébol de agua (Menyanthes trifoliata) y la grasilla o flor de la fuente (Pinguicula grandiflora) pequeña planta carnívora de tacto grasiento hojas verde pálido y vistosas flores de color violeta.
En las turberas son frecuentes entre otras la lentibularia menor (Utricularia minor), y la cola de caballo variegada (Equisetum Variegatum)
El espejo de agua de los lagos está colonizado por vegetales muy especializados. Los que permanentemente flotan tienen una diminuta raíz atrofiada en su función de sujeción y cuentan con bolsas de aire entre sus tejidos que aseguran su flotabilidad. Otros enraízan en el fondo y presentan una parte sumergida y otra aérea como la espiga de agua (Potamogeton natans). Y finalmente, otras comunidades vegetales están permanentemente sumergidas como la filigrana mayor (Myriophyllum spicatum)
PLANTACIONES
Se reducen a algunas plantaciones de frondosas con una finalidad productiva, en su inmensa mayoría de castaño (Castanea sativa) y algunas coníferas que se ubican en la Central Hidroeléctrica de la Malva, traídas de Alemania cuando se construyo ésta y sembradas con una finalidad ornamental.
HELECHOS, MUSGOS, HONGOS Y LÍQUENES
Hay numerosísimas especies distribuidas por todo el territorio. Forman parte del sotobosque, de las praderas, de las zonas húmedas, colonizan troncos, rocas, rincones umbríos, etc. Destacaremos las de más interés medioambiental y las más conocidas, clasificándolas someramente por su hábitat.
Helechos
Son plantas vasculares sin flores, por tanto sin semilla, muy primitivas, que viven en medios húmedos. Presentan una especie de hojas, muy divididas, llamadas frondes, que tienen función reproductora al portar algunos de ellos en el envés, esporangios, llamados soros en los que se generan las esporas. Se pueden reproducir también sexualmente por gametos que se originan en un prótalo (órgano generado tras la germinación de las esporas). La forma y ubicación de los soros sirve para diferenciar a la especie. El tallo es subterráneo y presenta unas pilosidades a modo de raíz. Para la reproducción necesitan la presencia de agua como los musgos.
En los bosques de hayas y robles son frecuentes los del genero Dryopteris que crecen sobre los troncos y los del genero Polypodium
Musgos
Son organismos muy simples, resistentes, fotosintetizadores, no vasculares, sin flores, presentas raicillas que los fijan al sustrato y les permiten tomar nutrientes del suelo. Se reproducen por esporas que se almacenan en una cápsula a modo de copa con tapa situada al final de un filamento que sale de un tallito. También se pueden reproducir sexualmente por gametos que se producen en las hojas. Para la reproducción necesitan humedad constante.
Junto con los líquenes, a los que generalmente acompañan, son precursores de vida y contribuyen enormemente a la limpieza del aire absorbiendo el anhídrido carbónico (CO2) y fijando el nitrógeno atmosférico, favoreciendo así la fertilidad del suelo.
En Somiedo colonizan todos los lugares húmedos del Parque. Según el hábitat podemos encontrar diferentes colonias de las distintas clases en que se dividen, por ejemplo, en las turberas y corrientes de arroyos aparece la clase Sphagnosida, con representantes del genero Sphagnum.
Hongos
Constituyen un reino propio en el que también se incluyen los líquenes. Son organismos formados por una sola célula, o por una agrupación de células que nunca llegan a formar tejido, pero sí unos filamentos llamados hifas que se agrupan formando un falso tejido denominado micelio. La pared celular de los hongos está formada por quitina, como en los animales artrópodos y rara vez acumulan celulosa como las plantas. A diferencia de las plantas son seres heterótrofos, pues carecen de clorofila para formar sus propios compuestos nutritivos mediante la fotosíntesis. Para alimentarse vierten enzimas digestivas al medio, con el fin de obtener moléculas simples que les sirvan de alimento y, que a semejanza con los animales, absorben tras la digestión. Viven en medios húmedos, oscuros o con escasa radiación solar. Se reproducen asexualmente por esporas, aunque también tienen reproducción sexual.
En una primera clasificación podemos distinguir según su tipo de vida tres tipos de hongos: parásitos, viven dentro de otros seres vivos y se alimentan de sus fluidos; simbiontes, viven asociados a otros organismos beneficiándose ambos de esta unión, el mejor ejemplo son los líquenes, y saprófitos, que se nutren de materia orgánica en descomposición. Algunos de estos los veremos con detalle a continuación.
Popularmente existe un error en el uso de la palabra hongo y seta, lo que nosotros recolectamos en el bosque, o dejamos por considerar venenoso o poco apto para el consumo, se denomina seta, y corresponde al cuerpo fructífero del hongo. Es decir, un champiñón es una seta y una amanita phalloides es una seta. El hongo está enterrado en el sustrato, razón por la que en la recolección es necesario cortar y no arrancar, y puesto que la seta que nos llevamos a casa es el cuerpo fructífero, cargado de esporas, es necesario depositarlo con las laminillas hacia abajo y en una cesta que permita que estas esporas caigan al suelo para que se diseminen y el año próximo podamos coger más.
En Somiedo se han censado más de 400 especies de hongos saprófitos aunque se supone que debe haber muchas más.
Entre las múltiples especies que aparecen en los hayedos reseñaremos como más conocidas a Oudemansiella mucida, hongo exclusivo del tronco de las hayas, Marasmius alliaceus que tiene un fuerte olor a ajo y otras variedades compartidas con los otros bosques caducifolios de abedules y robles como los exquisitos Boletus edulis, Russula cyanoxantha de agradable sabor y la temida Amanita phalloides, la seta más peligrosa del Parque.
En las formaciones arbustivas son frecuentes las trufas de verano (Tuber aestivum), comestible y un hongo extremadamente raro que coloniza las avellanas semipodridas Mycena nucicola.
En las praderas son muy abundantes la seta de primavera (Calocybe gambosa) y con nombre exclusivo de la zona la seta pardina (Lepista panaeolus)
Líquenes
Los líquenes son organismos que surgen de la simbiosis entre un hongo y un alga o cianobacteria. El hongo recibe el nombre de micobionte, protege al alga de la desecación y la radiación y le proporciona agua y sales minerales. El alga o cianobacteria recibe el nombre de ficobionte, realiza la fotosíntesis y le proporciona al hongo materia orgánica. El simbionte puede presentar una estructura muy simple en la unión de alga y hongo o muy compleja, dando lugar a un organismo morfológicamente muy diferenciado en el que el alga se encuentra en el interior y el hongo desde el exterior le da protección. Los líquenes se adaptan a todos los medios físicos siendo capaces de colonizar cualquier sustrato. Son precursores de la formación de suelo pulverizando las rocas donde se asientan, permitiendo así, que otros organismos puedan habitar ese medio pudiendo llegar en el tiempo a formar un ecosistema en un medio hostil. Dependiendo de su forma y hábitat diferenciaremos tres tipos: los crustáceos que colonizan la roca, son planos; los fruticulosos viven sobre ramas, presentan gran volumen semejándose a pequeños arbustos y los foliosos que viven sobre rocas o ramas y tienen aspecto de finas hojas
En Somiedo son muy abundantes los líquenes foliosos y fruticulosos. Su presencia indica la alta calidad del aire que se puede respirar en el Parque. Encontramos del género Usnea (excelente indicador de la contaminación del aire), Lobaria, Parmelia, Lecanora, etc. Cuando el sustrato es rocoso los líquenes que abundan son los crustáceos, algunos de los cuales hemos presentado anteriormente.
PARA SABER MÁS
http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada
http://www.zonaverde.net/
http://www.asturnatura.com/asturnaturaDB/Flora/Flora.php
http://www.botanical-online.com/botanica2.htm
http://www.rednaturaleza.com/plantas/directorio
http://www.asturnatura.com/naturaleza/parque-natural-de-somiedo.html
http://www.parquenaturalsomiedo.com/
http://www.youtube.com/results?search_query=videos+de+somiedo&oq=videos+de+somie&gs_l=youtube.1.0.33i21.10727.29521.0.32675.17.11.1.5.6.0.185.1806.0j11.11.0...0.0...1ac.1.KLBDfqUmnyA
[1] Son pigmentos de color rojo, azul o purpura que se encuentran en los frutos en las flores y en las hojas de los árboles para protegerlas de la radiación ultravioleta.
[2] Es la separación de una parte de un cuerpo. Se utiliza mucho en botánica para explicar la caída de las hojas, de los frutos, de las flores e incluso de una parte de la propia planta.
[3] Mezcla de arbustos, plántulas, arboles jóvenes, hierbas, etc. que viven cerca o en el suelo, bajo las copas de los árboles del bosque.
[4] Del griego epi sobre y phyton planta. Son las plantas que germinan y viven sobre otro vegetal, en nuestro caso sobre las ramas y troncos del haya, pero sin parasitarla.
[5] Desfiladero muy cerrado entre montañas.
[6] Nombre que reciben en Somiedo las cabañas, chozos o corros.